Día Mundial de la Alimentación: hacia sistemas alimentarios territorializados

Cada 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, una jornada internacional impulsada por la FAO desde 1979 para conmemorar la fundación de la organización en 1945, que este año celebra su 80 aniversario. Desde entonces, más de 150 países participan cada año en esta fecha, que busca concienciar sobre las causas del hambre y la pobreza y fomentar sistemas alimentarios más justos, saludables y sostenibles.
Casi medio siglo después de la primera celebración del Día Mundial de la Alimentación, el consenso científico es claro: el sistema agroalimentario global actual es ambiental y socialmente insostenible debido al deteriora los ecosistemas, acelera la pérdida de suelo fértil, biodiversidad y agua, y genera desigualdades en la cadena alimentaria.
En gran medida, esto se debe al modelo económico dominante en la alimentación global, basado en la competitividad por precio y las economías de escala, que ha permitido el acceso a productos baratos, pero a costa de dicha insostenibilidad ambiental y social. En este contexto, los mercados alimentarios locales surgen como una alternativa complementaria, capaces de introducir otras lógicas de valor más alineadas con los desafíos del siglo XXI.
Un mercado alimentario local no busca competir con el global, sino coexistir aportando resiliencia, calidad y sentido de pertenencia. Este modelo requiere el compromiso activo de las administraciones locales que pueden crear marcos de experimentación regulatoria, políticas de compra pública alimentaria, incentivos fiscales o facilitación de suelo a proyectos de cercanía y apoyo a la comercialización local.
El proyecto CROPS4LIFE, en marcha en Vitoria-Gasteiz desde el 2023, trabaja precisamente para avanzar hacia estos objetivos mediante la creación de un modelo agroalimentario regenerativo y de proximidad, que conecta directamente la producción sostenible con el consumo local. Su enfoque combina la recuperación de suelos agrícolas degradados, la promoción de prácticas agronómicas basadas en la biodiversidad y el secuestro de carbono, estructuras de aceleración para el emprendimiento en el agro y el impulso de canales cortos de comercialización que fortalecen el tejido económico local.
Las administraciones locales tienen una posición clave para impulsar esta transformación y su implicación es estratégica:
- Por salud pública, al garantizar una alimentación más sana en sus servicios de restauración colectiva y en la oferta local.
- Por economía local, al fortalecer el tejido productivo y comercial del entorno rural y urbano.
- Por identidad y cohesión social, al vincular la sostenibilidad alimentaria con la narrativa de ciudad, la educación ambiental y el turismo responsable.
- Por acción climática, al integrar la regeneración de suelos, el secuestro de carbono y la reducción de emisiones en sus estrategias de descarbonización y adaptación al cambio climático.
- Por innovación y atracción de inversión, al posicionar la ciudad como un referente en sostenibilidad alimentaria y promover la instalación de proyectos, cooperativas o centros de investigación vinculados a la alimentación regenerativa.
En este Día Mundial de la Alimentación, el mensaje es claro: la sostenibilidad alimentaria comienza en casa, en nuestros municipios y comunidades, allí donde la política pública puede marcar la diferencia entre un sistema que agota y uno que regenera.